El turismo exterior, a pesar de ir bien, no nos va a sacar de la crisis

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Que España es un destino turístico de primer orden es algo que ya sabíamos. Que nuestro modelo económico ha sido el de “ladrillo y playa” también. Cuando hemos perdido el ladrillo, el crédito se ha hundido, el sector público tiene que afrontar unos ingresos menores y la política suicida de la UE nos lleva a recortes y a frenar todavía aún más la economía, hay que ver algunas cosas que hacemos bien.

Estamos exportando más, de eso ya he hablado, más como estrategia de supervivencia de las empresas que por una apuesta estratégica. Algunos empresarios con los que he hablado comentan que más bien es que los clientes externos les mantienen y dan vidilla, no es que hayan aumentado sus exportaciones, sino que el cliente nacional ha caído tanto que ahora la parte que exportaban es la única que se sostiene. Veamos como lo veamos, nuestro sector de exportaciones, al menos por lo que dicen los números está yendo algo bien. Aunque es insuficiente para sacarnos de la crisis, eso es más que evidente ya que sigue siendo muy pequeño.

Veamos otro de los motores, el turismo extranjero, ese que nos deja “divisas” y que ayuda a corregir el balance comercial negativo que tenemos, que genera empleos (aunque estacionales) etc.. Pues al parecer, los “guiris” no huyen de España como si fuésemos unos apestados. Seguimos atrayendo año tras año más turistas y visitantes. Al menos los datos dicen que esto es así, veámoslos:

Fuente: Idescat

Trimestre a trimestre, es evidente que el verano (tercer trimestre, Julio, Agosto y Septiembre) concentran más visitantes que en invierno (primer trimestre), prácticamente el doble o un poco más (lo cuál indica que nuestro turismo ya no es tan hiperestacional y que invierno ciudades como Barcelona o Madrid siguen atrayendo visitantes). La importancia del turismo en lugares que ya son maduros Donaire, que es un experto en el tema, nos habla bastante a fondo. Es curioso que para ser uno de los motores de la economía, la universidad pública española apenas ofrezca estudios de este tipo (profes como Donaire tenemos muy pocos), lo cuál indica lo desconectada que está de la realidad económica.

Pero además cada año en cada trimestre hemos atraido más turistas, en el 2011 ha habido más de 4.500.000 visitantes que en el 2009, lo cuál es un buen dato. Podríamos aspirar a asumir más turistas y que esto sea un buen motor económico, seguro que sí.

Pero es evidente una cosa, el sector del turismo exterior está como nunca en la historia, no hay negocio que vaya mejor en España. En cambio, la economía está hecha unos zorros y el paro por las nubes.

Creer que soluciones hiperturísticas como la del Eurovegas, van a ser la solución a nuestros males, es algo irrisorio.

El turismo va muy bien, como nunca y es difícil que aún vaya mejor. Y aún así, el resto de sectores sigue hundido y renqueante. Hace mucho que el empleo en España no depende tanto de las sangrías, el sol y los turistas alemanes y británicos.

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Cuestionando las tesis de la sociedad líquida sobre las instituciones sociales

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Uno de los argumentos que utilizan los defensores de la sociedad líquida es el siguiente: “vivimos en una situación muy interesante, los nuevo aún no ha acabado por nacer, y lo viejo aún no ha terminado de morir”. Detrás de esta premisa está la visión sobre las instituciones sociales de que estas han de “morir” para dejar aparecer nuevas formas de organización social.

Es lo que no se atreven a decir los Manel Castells, los Punsets o los Arcadi Oliveres de turno y muchos sociólogos y politólogos de la sociedad líquida. Pero es lo que piensan.

No se atreven a decir porqué anunciar la muerte de los partidos políticos, parlamentos, sindicatos, asociaciones de vecinos y resto de instituciones sociales es muy osado, pero realmente piensan que han de transformarse en “algo nuevo”.

Estoy convencido de que las instituciones sociales son cuestionables. Que partidos, parlamentos, asociaciones, sindicatos e instituciones de todo tipo han de mejorar, reformarse, adaptarse a los tiempos que corren. Sí, cierto, y mi postura es contraria al inmovilismo y mi vida profesional orbita alrededor de la mejora de una de estas instituciones.

Pero detrás de la postura de los que constantemente cuestionan las instituciones hay una (vana) esperanza postmoderna de superación del modernismo, sus instituciones y la estructura económica y social que la sustenta.

El postmodernismo ya ha tenido fases de este tipo. El mayo del 68 es posiblemente el primer intento de superar las instituciones de la modernidad. Todo hay que decirlo, no hay sociedades que logren canalizar el descontento y los desequilibrios sociales de forma institucionalizada al 100%. Ni la férrea sociedad de la edad media se libró de alzamientos populares, revoluciones, guerras civiles y conflictos sangrientos donde campesinos oprimidos se atizaban con la nobleza.

La visión de que “las instituciones de la modernidad fallan y deben ser superadas por nuevas instituciones o formas de movimiento social” es un neoromanticismo postmoderno. Muy bonito en el papel, pero irreal, al menos a la práctica.

Detrás de este mensaje no está la revolución ultraprogresista, sino el antisistema más facilitador del poder. Las instituciones están cuestionadas, son débiles para gestionar las crisis económicas y sociales graves como esta (ojo, también lo eran en 1939, y el resultado al menos, hasta ahora, socialmente fue mucho peor), pero ¿os imagináis una situación actual sin hospitales, sanidad, sin asociaciones, sin sindicatos, sin parlamentos y sin organizaciones políticas? ¿una sociedad sin instituciones sociales como las conocemos y la peña reuniéndose en ágoras como el 15M pretendiendo influir en la agenda política de “alguien”? ¿realmente se lo creen o nos toman por tontos?.

Es ridículo… No quiero quitar la importancia que tiene asumir que la sociedad ya no se encuadra en “clases sociales” con instituciones focalizadas para cada una de ella (sindicatos para los trabajadores obreros, asociaciones profesionales para los white collar, y partidos que representan cada uno de los intereses de clase), pero eso no es “postmodernismo” sino ultramodernismo, como el que sociólogos como Esping-Andersen describen, creo, con herramientas de análisis mucho más útiles y realistas que toda la sociología líquida habida y por haber.

Sé que este análisis me enemista con el corpus doctrinal de la universidad donde estudié mi DEA en Sociología, la UOC, pero temo que igual que la politología francesa está demasiado marcada y sesgada por el mayo68icismo la sociología y los análisis sociopolíticos españoles están demasiado sesgados por un postmodernismo que es poco constructivo.

Y mi interés de “clase” como alguien que con su “voto económico” puedo ejercer menos poder que el director del banco de Santander, realmente esta postura, debilita las pocas instituciones, reales, con un mínimo de efectividad y capacidad de influir en la economía y en la sociedad desde las que puedo hacer política.

Puede que al señor Castells o al señor Oliveres desde su cátedra, la creencia de que los sindicatos o las organizaciones políticas clásicas son entes a extinguir para que renazca un movimiento social con toda su fuerza les sea lo que más favorezca sus sesgos cognitivos. Pero evidentemente no mis intereses personales, ni de la gente que gana su dinero de forma parecida a la mía: basicamente a través de una actividad profesional de algún tipo y no de invertir grandes capitales.

Los sueños de los sociólogos líquidos son posiblemente las pesadillas de las clases trabajadoras en el sentido más amplio, plural y extenso que podamos imaginar.

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“Honestedat” la paraula que he aparaulat en la campanya “Aparaula’m”

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En la campanya per apadrinar una paraula en català, he escollit “honestedat”, entre altres motius és degut a que encara que és un valor que es cita massa, però s’exerceix molt poc. Especialment no la honestedat basada en “no dir mentides” sinó en la capacitat que té un mateix de no construir-se massa mentides i poder tenir honestedat intel·lectual per reconèixer quan li han demostrat que els seus arguments són erronis i formen part de prejudicis o errors lògics.

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Densidad urbana, riqueza y entorno rural, una pequeña aproximación desmitificadora

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Roger Senserrich
y el autor de “A little improbable” se han enzarzado en un cruce de artículos sobre las bondades de la densidad poblacional, y en especial de las ciudades. Si alguien quiere profundizar en el tema de las ciudades como motor económico de los países, que lea “El triunfo de las ciudades”, no entraré ahora en los detalles.

Quiero alertar aquí de algunos mitos. Estoy de acuerdo con Roger de que la densidad y sobretodo las ciudades son muy positivas. Tanto a nivel económico (la gente de hecho va a las ciudades porqué hay más ideas, mejores servicios y más baratos, mayores oportunidades de empleo y educación, etc..) como a nivel de sostenibilidad (3.000.000 de personas en una zona de alta densidad urbana consumen menos energía, agua, gasolina, etc.. que esas 3.000.000 en urbanizaciones extensas o en granjas “ecológicas”). Es tal, que seguramente la ciudad es el mejor invento que hemos hecho.

Pero también la concentración urbana tiene muchos riesgos. Muchísimos. Uno de ellos, poco obvio para nuestra sociedad, pero que lo ha sido y ha explicado el colapso de numerosas ciudades en el pasado, es que 3.000.000 de personas en un territorio extenso como Castilla la Mancha podría llegar a alimentarse con lo que produce el territorio, pero evidentemente una ciudad como Barcelona no puede alimentar a sus ciudadanos si no compra los alimentos a otros. Es una tontería en una sociedad donde comprar el producto alimenticio más exótico del mundo es más barato que intentar producirlo en el patio de tu casa preocuparse por eso, pero a largo plazo son riesgos reales a los que ha estado expuesta las altas densidades de población. A lo largo de la historia, diversas civilizaciones perdieron sus grandes urbes básicamente por eso.

Este es un riesgo que hoy no se asume como real, pero que la perspectiva a largo plazo podría obligar a plantearnos como una objección a grandes concentraciones de población en zonas y países que no pueden alimentarlos o proporcionar agua potable suficiente. Crisis de este tipo explican el genocidio de Ruanda, y llevan a guerras fraticidas en los países más pobres del Sahel. Hoy en día en el primer mundo estos escenarios los vemos muy lejanos, pero en una situación de cambio climático, con más perdedores que ganadores, la producción de alimentos en el mundo es muy probable que caiga y las regiones menos ricas y prósperas tendrán problemas parecidos a los del Sahel.

Roger, no deja de tener razón al cargar contra la sobreprotección de la agricultura europea que él escenifica en los agricultores franceses proteccionistas. La agricultura compite con otros usos más rentables del agua y sobretodo del suelo. En países hiperdensos como San Marino o Ciudad del Vaticano, asumir que haya que destinar un espacio a la agricultura es de risa, y en situaciones en las que nos aproximamos a cada vez más veranos secos, empezar a creer que todo el regadío español es importantísimo y asumir que ciudades como Barcelona o Madrid vayan a tener que soportar cortes de servicio de agua potable para reducir el consumo urbano e industrial para poder mantener los naranjales valencianos me parece de lo más antieconómico. Recordad: la agricultura no da de comer ni al 1% de los ciudadanos de un país occidental avanzado, dejar una ciudad económicamente importante sin agua en determinadas horas para poder regar naranjas es lo más idiota que podemos hacer económicamente. Y si encima subvencionamos esto y destinamos toneladas de inversiones a poder hacerlo aún más.

Por otro lado, muchos tipos de agricultura y explotación agrícola llevan asociados mayores daños ambientales que a la larga afectan y mucho a la forma de poder explotar el suelo a posteriori. El gusto por los regadíos en zonas de secano por el hecho que el producto es más rentable agricolamente está llevando a la salinización de pozos y suelos. Un daño que hace aún más cara o imposible la agricultura en un futuro. Eso está pasando hoy en día, y encima lo estamos subvencionando. Esto ahora mismo está dando serios problemas en países como Australia y España.

Hasta aquí mis coincidencias con Roger. Otro aspecto que no se contempla en el análisis económico de las densidades de población y la riqueza es que no necesariamente toda la población ha de estar vinculada a un entorno urbano. Ni siquiera la mayoría, para ser un país rico. Finlandia tiene más del 40% de la población en zonas plenamente rurales y España solo el 13%. En la siguiente gráfica doy algunos ejemplos y contraejemplos donde la densidad como concepto general no necesariamente viene asociada a la riqueza. Es importante que haya densidad en el país para poder tener zonas urbanas activas, muy dinámicas y ricas que empujen el resto del país, no necesariamente todos hemos de ser ciudadanos hiperurbanos.

Fuente: Eurostat

En cambio hay dos aspectos en los que la gestión del territorio tiene un interés y donde mantener la capacidad de tener actividad agrícola de algún tipo consigue beneficios a medio y largo plazo.

Gestión de riesgos ambientales

Aunque actualmente la capacidad de tener alimentos no es clave para casi ninguna nación occidental ya que la cantidad de proveedores mundiales (también del primer mundo) es muy grande, esto no sería así, si no hubiera agricultura en el primer mundo. Además esta es la agricultura más productiva, más sostenible y menos destrozadora del medio ambiente que existe capaz de alimentar a porciones significativas de población (dejando a un lado a los cultivadores y silvicultores de Nueva Guinea). En el tercer mundo y los países en vías de desarrollo la agricultura para una población creciente agota los suelos, provoca más erosión y agota recursos no renovables o de renovación lenta (pozos, nutrientes del suelo) que en el primer mundo. Aunque no cultiven con tractores y el estiercol de los animales sea el principal nutriente que aportan al suelo, suele ser agricultura en suelos menos productivos o a un ritmo que un agricultor apenas puede cultivar para sí y su familia. Por unidad de persona alimentada, la más sostenible es la agricultura hipermecanizada, que economiza más agua, etc.. del primer mundo.

Esto implica que en muchas ocasiones no tener capacidad de producir alimentos en el primer mundo y exportar de países en vías de desarrollo tiene como consecuencia que exportamos la degradación del terreno y daños ambientales a estos países. Por ejemplo, la gestión de bosques de Japón, desde la época del shogunato es modélica, eso sí, importan toneladas de madera de Australia, un país que sufre consecuencias graves de la deforestación.

Por otro lado, esta es la situación actual. No quiero ponerme alarmista ni recuperar la crisis malthusiana, pero parece ser que el cambio climático es algo bastante inevitable. No estamos tomando las medidas para limitarlo, no hay dinero posiblemente para hacerlo, ni tampoco la voluntad política y social de aplicarlo. Y seguramente no podemos hacerlo sin China, quien va a ser el principal contaminador del siglo XXI. Una de las consecuencias es que aunque aumentarán los suelos cultivables en el norte (en zonas ahora poco densas como Siberia), y la productividad en zonas templadas-frías, la mayor parte de los centros productivos de alimentos se verán mermada su capacidad de producir alimentos: incremento en tormentas, cambios en los ciclos pluviales, mayores inundaciones o pérdida física del terreno por el mar. En el caso de Europa meridional habrá aún menos lluvias, y proveedores como Turquía o Marruecos a los que compramos alimentos tendrán problemas. Seguramente también zonas agrícolas en España tendrán problemas. Aún cuando se pueda adaptar el mundo a producir alimentos de forma más eficiente, productiva y utilicemos suelos en Siberia que aún no se están explotando, poco va a poder llegar a los ciudadanos de países en vías de desarrollo que no pueden importarlos.

Los precios de los alimentos aumentarán, tanto para los ciudadanos de las zonas más afectadas por el cambio climático, sino también para todos. Hoy consideramos estratégico el petróleo, comenzamos a pensar que mañana será el agua y posiblemente la capacidad de producir alimentos más que la energía, el factor que marcará la lucha por los recursos. Mantener vivo un sector agrícola va a ser algo clave en la supervivencia de las naciones en este siglo XXI, por el mero hecho de los riesgos ambientales van a incrementar su fuerza e importancia a lo largo de este siglo.

Gestión del territorio

Aunque la gestión agrícola puede ser muy lesiva para el territorio, fuente de desertización, agotamiento de suelos, contaminación de aguas subterráneas, salinización de suelo, deforestación, extinción de especies animales y vegetales, contaminación directa del aire, fuente de gases invernadero, etc.. también la ausencia de esta genera problemas.

Por ejemplo, los bosques europeos son todo menos “zonas naturales no humanizadas”. No hablo solo de los bosques periurbanos como el de Collserolla donde hace un siglo había vides y hoy hay encinas y pinos. Muchas zonas de pastos lo son porqué se han mantenido así (o han nacido) gracias a la actividad de la ganadería. La gestión de los bosques cuesta dinero, has de vigilar que el combustible forestal no aumente para disminuir la frecuencia y virulencia de los peores fuegos forestales. El propio fuego ayuda a evitar esos riesgos y los árboles maduros aguantan el fuego, evitan que después del incendio se degrade el suelo y el propio fuego limpia de combustible el sotobosque evitando que se formen grandes incendios a posteriori, pero eso no pasa en los bosques jóvenes de Europa que nacen al ocupar zonas de cultivo ya abandonadas. Los campos permiten en muchos casos ser cortafuegos entre zonas boscosas, y proporcionan un colchón entre las zonas habitadas y el bosque. Es muy bonito tener urbanizaciones en un bosque de pino blanco replantado en los años 60, pero cuando en verano eso se transforma en una caja de cerillas encendida tenemos gastar toneladas de dinero y arriesgar la vida de numerosos especialistas para salvar propiedades.

La ausencia también de caza y que haya un sector económico vinculado que la haga sostenible, y por tanto gente fijada al territorio, provoca problemas. Los barceloneses somos conocedores que la ausencia de lobos u osos en Collserolla tiene como consecuencia que los jabalíes se transformen en una pequeña plaga veraniega y tengamos que gastar unos centenares de miles de euros en mantenerla a raya. Actualmente en la mayor parte de bosques de Europa no hay presencia de grandes depredadores, los hemos exterminado. Y eso provoca que en ausencia de actividad rural asociada a la caza, en algunos casos haya problema de plagas. Por ejemplo, los sarrios del pirineo sufren ciclos de expansión y caída de población dramáticos ya que al carecer de depredadores que eliminen los ejemplares más débiles, el conjunto de la población se vuelve más sensible a las plagas, estos ciclos pueden hacer desaparecer la especie en determinadas zonas completamente.

Por otro lado hemos humanizado lo suficiente el entorno como para no aspirar a que “todo vuelva como antes” sin consecuencias. Las numerosas presas de montaña no pueden obviarse, necesitan ser mantenidas y para ello su coste económico ha de estar justificado (por tanto han de seguir explotándose hidroeléctricamente) ya que si alguna de ellas se daña por falta de cuidados y termina rompiéndose las consecuencias en el entorno inmediato pueden ser nefastas.

Por otro lado, hay ejemplos que actividad agrícola y ganadera periurbana y rural tienen efectos positivos. Por ejemplo, el Parc Agrari (que es el que se quiere cargar el proyecto de Eurovegas) ayuda a paliar parte de la contaminación que sufre el Llobregat y realiza un aprovechamiento sostenible de aguas y un suelo que si no deberían ser tratadas de forma mucho más cara para cualquier otro uso humano.

Con esto no quiero apuntarme al lobbye del queso y la caza francés, pero que cuando se plantea que entorno queremos para nuestros países occidentales ricos, no podemos imaginarnos, en un entorno donde el riesgo ambiental es mayor, donde la presión de nuestros entornos naturales va a ser mayor, no contar con la agricultura y su impacto en el territorio.

No es una cuestión de pagar a un lobbye muy minoritario para que siga viviendo de algo no rentable, sino que pagamos un pequeño seguro contra riesgos ambientales y ayudamos a que haya una serie de actividades que ayudan a que la calidad ambiental de nuestro entorno sea mayor. Eso no implica que se tengan que relajar las leyes ambientales y no haya que empurar a los que contaminan con purines el suelo y las aguas subterráneas, ni que los votantes de Soria tengan mayor perso que los votantes de zonas no rurales, como ahora ocurre.

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Educación 0-3 en Barcelona, volvemos a los 80

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Cuando yo era pequeño, en el barrio donde vivía, sólo había 3 colegios, uno era privado concertado y religioso (Sagrada Familia) y los costes “adicionales” esa hora extra que pagan las familias eran muy caras, otros dos eran privados concertados pero de acceso más modesto, el Santa Teresa, también de carácter religioso y el Garball, laico.

A mí me tocó ir al Garball, creo que en sí, tenía algún buen profesor, pero era al final un mal colegio. No teníamos patio y salíamos a la plaza pública de delante de este, la plaza Pastrana, que en esa época los yonquis del barrio era donde se pinchaban. Eran los duros años del jaco y la heroina de mediados de los 80 y cuando el SIDA comenzaba a aparecer entre los colectivos de más riesgo.

Unos pocos años más tarde se construyó el colegio Taixonera, público y años después el Carmel, también público. La Taixonera cubría mi zona y mi hermana fué más afortunada y comenzó a estudiar en él. No es que fuera un colegio de élite ni mucho menos, pero comparado con el colegio pseudobronx al que yo iba, aquello parecía la academia de Howards.

Por poner algunos datos, de mis compañeros de curso, me parece, si mal no tengo los datos que el único que ha acabado estudios universitarios he sido yo, y éramos más de 30 que no es poco. Otros los han comenzado, pero un puñado que cuento con la mano. El índice de fracaso escolar era de espanto, porqué además se transformó en el sumidero de niños malos estudiantes de los otros dos colegios concertados (el SAFA y el Santa Teresa), entre otras porqué el propietario del nuestro también era el del Santa Teresa y quería mantener cierto “nivel” en uno de los colegios y dejaba languidecer al segundo.

No es que los individuos que formábamos mi clase fuéramos unos zotes, eso no es cierto, algunos de ellos con los que sigo en contacto son realmente inteligentes, ni tampoco que los profesores fueran “malos”. Es verdad que tuvimos profesores desastrosos, recuerdo una profesora de “naturales” que me peleé con ella porqué decía que las serpientes no tenían esqueleto (debía confundir el género de los anélidos con el de los ofidios), pero también había algún docente heroico que intentaba sacar algo de aquella carnicería juvenil. La calidad de la enseñanza se mide también en las ratios por alumno, la capacidad de cubrir bajas, la capacidad de tener profesores especialistas en la materia (y no generalistas que  apenas podían diferenciar la clase de “natus” de las de “sociales”) o de poder dar todo el temario intentando que no se dejaran demasiados muertos en el camino. También en la capacidad de atraer algo de talento docente, la mayor parte de mis profesores de primaria, dejando a un lado algún caso aislado, eran de la vieja escuela, viejísima escuela, y además no tenían incentivos para mejorar, ¿para qué si al final se transformó en un colegio sumidero?.

Yo acabé primaria con una terrible carencia en conocimiento de historia de la baja edad media y de los siglos XVIII en adelante precisamente porqué nunca acabamos el temario de 5º, 6º, 7º y 8º de “sociales”, algo que he tenido que suplir posteriormente, incluso en mates, que era mi fuerte, tuve que reciclarme al llegar al instituto.

El colegio cerró, y por suerte los dos públicos (Carmel y Taixonera) absorvieron la necesidad del barrio y ofrecen una educación primaria de alta calidad, o como mínimo, más que aceptable. Las ratios de estudiantes que terminan una carrera en la Taixonera, de niños de mi misma generación que saltaron de los concertados al público, es mayor, no el lamentable 2,5% del mío. Un claro ejemplo de cómo las políticas públicas actúan claramente para luchar contra la desigualdad.

El tema es más duro cuando lo comparo con otros centros educativos privados, de barrios de más solera, el ir a ese colegio y no al mío, te daba un seguro de entrar en una universidad (privada, en general) de casi el 100%.

A todo esto, mi colegio era más caro que el Taixonera, que era totalmente público y gratuito, e incluso los libros salían más baratos porqué el APA (en aquél entonces eran APAs y no AMPAs) se lo curraba (el colegio daba ambiente para el asociacionismo de los progenitores y para que estos participaran de la gestión del centro, en el mío, ni de lejos).

Una historia que se repite con la educación de 0 a 3

Algo parecido es lo que está pasando con la educación de 0 a 3 años en Barcelona. Las opciones privadas son horrendas, hay excepciones, pero en general las escoles bressol públicas le dan una manta palos a las privadas. Los centros son de más calidad constructiva, realmente orientados a tener allí niños en buenas condiciones, con un buen patio, buena orientación solar, con caminos escolares delimitados, ratios más que aceptables, y un buen proyecto educativo. Por no hablar que atraen a los mejores profesionales porqué el sueldo es digno y las condiciones también. En cambio, hay guarderías privadas (prefiero no llamarlas escoles bressol, porqué el tema educativo allí es más que cuestionable) que son aparcamientos de críos.

Además, son más caras para los usuarios. De hecho el proyecto que tiene Trias de dejar de apostar por las bressol públicas y pasar a las guarderias privadas concertadas, harán que el coste por alumno sea más caro para las familias, y, curiosamente, para la administración (la administración ha de pagar a un propietario que ha de amortizar su inversión y sacar un beneficio, algo que no saca la administración pública) bajo la excusa, igual que en el caso de los conciertos de la primaria de mi época, la hora extra que están los niños en los centros.

Es verdad que el modelo de 0-3 en Barcelona es un lujo babilónico, y que pasó de cubrir el 25% de la demanda a poco más de la mitad… pero es un modelo que con tiempo y un bizcocho se transforma en un sistema de alta calidad y que realmente reduce muchísimo las desigualdades de partida.

El modelo que implanta Xavier Trias, es más caro, pero además es un aparcamiento de niños, no un modelo educativo, además de fomentar la desigualdad de partida. Ninguna privada concertada va a hacer el esfuerzo de hacer una guardería de alta calidad en un barrio como en el que yo me crié o en el que estoy residiendo. Las familias de estos barrios no van a poder pagar unos “extras” muy caros, ni tampoco van a asociar su relación con el centro educativo para pasar a una escuela primaria de alto nivel privada.

Un modelo que se carga, el lento, pero seguro, de buena calidad y que combate la desigualdad, que ha puesto en marcha el PSC y los gobiernos de izquierda de la ciudad en los últimos decenios.

Que la educación de 0-3 años es clave para combatir la desigualdad no es algo que me saque de la manga, cualquier analista de políticas públicas sabe que invertir en guarderías es invertir en el futuro más que cualquier política de ayuda social caritativa que se saque la derecha de la manga. Si un niño de 4 años comienza la primaria ya con ciertas aptitudes y habilidades, con ciertas costumbres y con un gusto por el aprendizaje formal de forma divertida y con un entorno de socialización positivo, compensa muchas graves deficiencias que pueda tener en casa o en el barrio donde vive.

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