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Rouco Varela, falacias ad-hitlerum, el aborto y los obstáculos de la iglesia católica para reducir el número de embarazos no desados

Category : Política

Rouco Varela, el personaje más carismático de la iglesia católica desde Torquemada, y que es un alto generador de consensos sociales y está llevando a la iglesia católica a sus puntos más altos de integración en la sociedad moderna, ha vuelto a decir una de las suyas. Ha insinuado que, que el estado regule el aborto es algo que nos acerca a las aberraciones habidas en la II Guerra Mundial (solapadamente está diciendo que el aborto es equivalente al holocausto nazi).

cruzada

Rouco Varela y la incoherencia racional

Es curiosa su forma de argumentar, si fuera un debate en internet se le podría decir que ha perdido por utilizar la falacia ad-hitlerum, pero como este hombre declama en base a una autoridad eclesiástica y se le supone que por ello tiene cierta autoridad social, puede decir lo que le dé la gana sin atender a su coherencia lógica.

Primero de todo, el holocausto y un genocidio es algo demasiado grave como para reducirlo a comparaciones simplistas. Creo que reducir a nazi a cualquiera que no nos mole su forma de pensar o llamar genocidio o holocausto a cualquier tipo de acción violenta es rebajar lo que esto tiene de signficado. Rebajarlo significa poner más probabilidades a que los horrores del segundo cuarto del siglo XX se vuelvan a repetir.

Segundo, Rouco Varela debería primero, mirar su propia casa para poder acusar de holocausto a nadie. La iglesia católica, en el mejor de los casos se la puede calificar de tibia en su reacción contra el genocidio producido por los nazis, en algunos casos se podría encontrar cierta tolerancia por parte de sectores de la iglesia católica durante el IIIer Reicht. Por otro lado la iglesia católica española ha abalado y aún no ha renegado, de la cruzada nacional liderada por el caudillo Franco y que provocó la muerte de casi un millón de españoles en el conflicto y más de 150.000 asesinatos directos (según las cifras más benévolas) y una de las dictaduras más largas de todo occidente. Antes de insinuar siquiera de actuar como los nazis a nadie debería, primero, declamar públicamente y pedir disculpas por la activa ayuda que proporcionó la iglesia católica al peor de los regímenes que haya tenido España en sus últimos 100 años. La iglesia católica española sigue siendo cómplice no arrepentida del régimen franquista, de sus muertes y de las actitudes totalitarias y fascistas, que sobretodo los primeros años de cruzada, tuvo ese régimen.

Por tanto, Rouco Varela debería antes mirar su hogar, su pedigrí democrático antes de comenzar a utilizar esas comparaciones tan gruesas y desacertadas.

La iglesia católica, el aborto y las democracias liberales

Por otro lado, la actitud de la iglesia católica respecto al aborto son incompatibles con la democracia liberal. Ya argumenté anteriormente que bajo una concepción social liberal, donde ninguna ideología o creencia puede someter a otra y donde las sociedades son lo suficientemente complejas como para que haya personas de diversas ideologías y religiones no se puede actuar de forma que una ideología o religión actúe como hegemónica y someta a las demás. Esto, tal vez complicado para personas de una mentalidad premoderna y de estados absolutistas cuesta de entender, pero es el concepto de consenso social rawliano. Ya lo describí con anterioridad, y lo vuelvo a reproducir aquí:

En sociedades teocráticas o donde una única visión de la moral se impone es fácil dirimir estos dilemas morales. En la España nacionalcatólica el aborto era impensable, el feto era un ser humano desde el mismo momento de la concepción. Pero desde una perspectiva rawliana de la moral en el ámbito de lo público, no podemos aspirar que una visión monolítica, no científica, se imponga al resto sin ningún tipo de compromiso. Para los católicos más reaccionarios la posibilidad de abortar es un anatema, y tan sólo lo aceptarían en caso de una situación extrema de vida y muerte entre la madre y el feto.

El problema es que la sociedad en la que vivimos, convivimos personas que consideramos que el feto no adquiere cualidad de humano hasta que tiene una actividad neuronal significativa en el neocortex y otras consideran que el feto no es un ser humano hasta que no le late el corazón, y otras hasta que no nace. La visión moral mía, o la de los que sienten que el feto no es humano hasta que no nace, no es peor, más mala, más demoníaca o denostable que la de los ultracatólicos que consideran que el cúmulo de células embrionarias ya son un ser humano con derechos.

Por tanto, al final, desde una perspectiva rawliana, que intenta dirimir los problemas morales en las sociedades liberales, se tiene que alcanzar un compromiso social.

En este caso la ley del aborto define una serie de plazos (14 semanas) para que las mujeres puedan decidir libremente si abortan o no sin tener que justificarlo en problemas de salud o no. La definición de un plazo viene a decir que el compromiso social es que antes de las 14 semanas el embrión no es un ser humano a nivel legal y a partir de la 15ª semana el embrión adquiere derechos y el derecho a disponer de su propio cuerpo de la madre entra en colisión con el derecho al nonato a la vida. Antes, no existe esa colisión de derechos.

Yo que “creo” y asumo que la humanidad aparece justo cuando hay una actividad digna de mención en el neocortex y el nonato reacciona claramente a los estímulos externos y en ese neocortex comienza a haber algo parecido  a la consciencia (bastante más tarde de esas 14 semanas se iría a la fase final de evolución del feto), tengo que acatar que mi creencia no se imponga a la de los demás y aceptar que en algún punto anterior hemos de considerar el nonato como “humano” y objeto de derechos. El señor Rouco Varela considera que un óvulo fecundado y no fijado es ya un ser humano con derechos. Me parece muy bien, pero yo que no soy de su secta no tengo porqué aceptarlo y porqué esperar que la legislación asuma prioritariamente su visión por encima de la del resto de la sociedad, que en sus prácticas y deseo muestra cosas bastante distintas.

Es un poco vergonzante que un socialdemócrata de tradición liberal tenga que recordar los principios liberales de la sociedad mientras la pacata y nacional-católica autodenominada “Red Liberal” tira por tierra los principios liberales y se dedica a lo de siempre: defender el nacionalcatolicismo desde la óptica más conservadora y antiliberal posible.

La argumentación teológica no puede dominar la política (y de paso la propia razón)

Rouco quiere que la legislación se adapte a su creencia. La diferencia entre él y yo es que yo acepto su existencia y creo que su voz ha de contar socialmente y sumar a ese consenso social, estoy dispuesto a transigir y aceptar que 6 meses no es un plazo aceptable para una parte importante de la sociedad y rebajar mis demandas a un punto mayor de encuentro. Él a diferencia de mí, no considera aceptable mi posición, desea ganar toda la partida y que no exista ningún derecho a abortar (de hecho, los “suyos” cuando triunfan anteponen el derecho a la vida del nonato a la salud de la madre y a su supervivencia, llegando a puntos absolutamente aberrantes). Él no es un ciudadano de una sociedad liberal (lo es por vivir en ella no por creer en ella) sinó un legado de otro tiempo, un teócrata que desea imponer su secta al resto de la sociedad y anteponer su derecho moral al que socialmente construimos.

Su argumentación teológica se basa en la siguiente frase:

la vida sólo es de Dios, de cada uno de nosotros y de todos nosotros

Partiendo que la hipótesis “existe Dios” es cuestionable por una parte no negligible de la sociedad comenzamos mal. Si seguimos que para una parte no negligible de la sociedad “Dios” es otra cosa diferente a la que piensa Rouco, seguimos peor, y si seguimos que para la mayoria que el concepto de “Dios” se acerca a lo que cree Rouco no coincide exactamente en su concepción de lo que es bueno a los ojos de Dios, terminamos fatalmente.

Dios no puede justificar nada en la sociedad moderna. Antes justificaba reyes, caudillos, cruzadas, guerras, principados o negocios. Hoy no podemos basar la sociedad en los mismos preceptos que la sociedad premoderna, no podemos dar esos pasos atrás y volver a la teocracia. Dios existe para los creyentes, es una duda metódica para los agnósticos y una mera hipótesis descartable para los ateos. Lo que sí existe es la sociedad y es en base a ella y en los individuos si hay algo que podamos basarnos, en lo que regulamos y creamos normas que limitan nuestra libertad.

Por otro lado, sí, la vida, es sobretodo, de cada uno de nosotros. Por ello el estado no nos va a obligar a abortar, ni a suicidarnos, ni a aplicarnos tratamientos paliativos, ni a firmar un testamento vital. Por ello el estado tampoco nos debería prohibir suicidarnos o aplicarnos tratamientos paliativos o pedir que nos desconecten de una máquina o nos inyecten un veneno letal para acabar con nuestro sufrimiento. Mi vida es mía, no tuya señor Rouco, ni de un Dios en el que no creo.

Y por último, sí, la vida es “de nosotros” en un único sentido, en la defensa de esta cuando el que está vivo no puede valerse por sí mismo o esta está amenazada. Tenemos que defender la vida humana, ayudar al indefenso y al desvalido. Y sí, no hay nadie más desvalido que un nonato. Ahora bien, esto, que queda muy bonito en las manifestaciones “provida” (más bien tendrían que llamarse pro abortos clandestinos en carnicerías para pobres y abortos en Londres para los ricos), falla por una pata, un nonato no es considerable humano en cualquier momento, cuando al señor Rouco o al credo católico le dé la santa gana. Un cigoto no es un ser humano para la mayoría de personas de esta sociedad que no dudan en utilizar métodos anticonceptivos o en pisar la farmacia en busca de la píldora del día después para evitar que el óvulo se fije en el útero. El “nosotros” es la sociedad, con las ideas de Rouco y las mías o las de un sintoista que crea que hasta la primera semana de vida allí no hay un ser humano. No es establecible por la ciencia “donde comienza la humanidad” y por tanto es objeto de debate ideológico, y por tanto sometido al consenso social, no a la imposición de la visión de una secta salida del medievo.

Yo también lucharé porqué haya menos abortos. Al menos lo hago desde un planteamiento más efectivo, el que yo quiera que haya educación sexual en los centros educativos, preservativos en los institutos, reducción del coste de los anticonceptivos para los menores de edad, centros de planificación, etc.. tiene una mayor eficiencia para reducir los abortos al evitar los embarazos no deseados. Las hipótesis basadas en la promoción de la castidad, a parte de risibles y alejadas de la sociedad, son inefectivas y además poco respetuosas con las libertades individuales. ¿Porqué tengo yo que incentivar que follen o no follen los menores de edad o que los ciudadanos esperen al matrimonio para practicar sexo? ¿quien soy yo para anteponerme a los individuos con cierta edad (pongamos 16 años) para decirles que no han de echar un polvo o echarlo y limitar su acceso a la TECNOLOGÍA que les permite tener sexo seguro y evitar embarazos? No soy nadie, como tampoco lo es Rouco ni el imán de turno. Yo no me voy a meter en la cama de nadie y a pesar de tener mayor experiencia sexual que teóricamente toda la jerarquía eclesiástica no me dedico a decirle a la gente como y con quien y de que manera tienen que echar un polvo y como no echarlo. ¿Porqué se empecina la iglesia católica en decirnos como follar o no y como ha de ser la (no) educación sexual de los adolescentes?.

A las pruebas me remito, los perfiles de mujeres que abortan no son mayoritariamente ateas liberales que han pasado por centros de planificación familiar, sinó adolescentes desinformadas (con parejas masculinas también desinformadas) y avergonzadas, que llegan tarde y mal a los centros de planificación, y emigrantes más religiosas y más practicantes que las nacionales.

Los abortos aumentan entre las inmigrantes y las adolescentes, no entre las mujeres informadas y que usan métodos anticonceptivos

Si queremos combatir el número de abortos, tendríamos que combatir los embarazos en adolescentes (el 99,57% de los embarazos de menores de 18 años son no deseados y más de la mitad terminan en aborto), y no se hace mediante la promoción absurda de medidas de castidad. Cuando personas con la misma educación sexual y experiencia sexual que una esponja marina se dedican a hacer propuestas de educación sexual tiemblo.

La siguiente gráfica muestra el crecimiento de embarazos en las adolescentes desde 1980 hasta el 2007 y como a la par aumentan los abortos de adolescentes:

embarazos-adolescentesLa línea roja muestra el número de embarazos de menores de 18 años en España, la azul el número de abortos de menores de 18 años. Es evidente que la política de desinformación y no acceso a métodos anticonceptivos no lleva más que a aumentar el número de abortos. El incremento de embarazo sostenido desde 1998 en adelante no ha llevado al aumento de uno sólo de nacimientos. Fuente: http://www.saludreproductiva.com/datos.html con datos del ministerio de Sanidad

Es inevitable en una sociedad que existan número de embarazos no deseados, es inevitable los accidentes o los errores humanos o las prácticas erróneas, o conseguir que la información llegue a todos lados, pero si Rouco le interesa acabar con los fetocidios como él los llama y que se destruyan vidas, debería fomentar la educación sexual, la promoción de los métodos anticonceptivos y hacerlos extensivos a jóvenes y emigrantes (muchas de ellas católicas), aunque no llegaríamos a 0 en el número de abortos no terapéuticos practicados, como mínimo los reduciríamos.

En su lugar obstaculiza esta distribución de material y educación. Grácias a las políticas pro-abstinencia que promueve la iglesia católica se consiguen aumentar los embarazos no deseados (en EEUU hay datos de la correlación entre los estados más teocon y los embarazos no deseados).

Como conclusión, es la actitud de la Iglesia católica más responsable de muertes de no-natos que los que deseamos que se haga una educación sexual en condiciones se eduque a los adolescentes en prácticas sexuales seguras y queremos que el conjunto de mujeres y hombres conozcan los métodos de protección y anticonceptivos para evitar embarazos no deseados y facilitar el acceso a estos métodos y que a la vez abogamos por una despenalización del aborto, aún con una ley de plazos. Es, además, nuestra actitud más compatible con la convivencia en la democracia liberal, porqué a diferencia de la de Rouco y el resto de la jerarquía católica no pretendemos hacer que nuestra cosmovisión sea hegemónica y exlcusiva y hacer que las leyes se adapten única y exclusivamente a nuestra ideología, aceptamos la visión de los demás y pretendemos construir consensos sociales.

La evidencia es que el PP no cambió la ley del aborto cuando consiguió el poder, ni lo volverá a hacer cuando lo vuelva a conseguir. Mientras Rouco siga haciendo ad-hitlerums, comparaciones desproporcionadas y abogando por el retorno al medievo, otros seguiremos construyendo la sociedad del futuro donde las libertades individuales y la autonomía para poder ejercerlas se incremente.

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