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Barcelona ja es troba ben desperta, contracampanya per les propostes de Xavier Trias per Barcelona

Category : Ciberpolítica

El PSC de Barcelona ha creat una web www.bcndesperta.net que vol respondre les 100 propostes que ha fet Xavier Trias com a projecte per a la ciutat de Barcelona.
Recentment el candidat de CiU a l’Ajuntament de Barcelona i líder de l’oposició va presentar un conjunt de 100 propostes generals com a eixos bàsics del seu programa electoral sota el lema de “Desperta Barcelona”. És el primer cop que Xavier Trias fa un plantejament general del que voldria fer com a alcalde ja que fins ara només ha fet plantejaments de NO a tot (no al traçat de l’AVE, no als centres d’atenció a drogodependents, no als plans urbanístics, no a la gossera a Sarrià) i de sumar-se a les plataformes existents.

D’aquestes propostes gairebé un 75% formen part del Pla d’Actuació Municipal, el programa de govern de l’actual equip liderat per Jordi Hereu i format pel PSC i ICV. Una cosa es que el principal partit de l’oposició coincideixi en aspectes bàsics amb l’equip de govern i altra es que gairebé tres quartes parts del seu pla per al següent mandat sigui una còpia del programa d’acció de govern d’aquest mandat de l’actual equip de govern de la ciutat.

xavier-trias2

Hi ha una quarta part que ho conformen propostes que són en gran part brindis al sol, i que conformen aquest perfil de Xavier Trias de voler fer content a tothom i ser l’alcalde dels NIMBY (grups que s’oposen sense plantejar alternatives), o que presuposen un pressupost municipal infinit o és incoherent amb posicionaments anteriors de Xavier Trias (com voler retallar impostos i després fer plantejaments que requereixen una gran despesa).

L’objectiu d’aquest portal és exposar les 100 propostes de govern de Xavier Trias i analitzar-les criticament, indicar quines formen part del Pla d’Actuació Municipal i com han sigut recollides i s’estan executant i quines són clarament objectables en altres aspectes. Barcelona ja es troba ben desperta, és una ciutat dinàmica i que funciona, les coses es poden fer millor en molts sentits i és lloable que l’oposició tingui propostes i vulgui millorar el que es fa, el que no és molt aceptable és dir que la ciutat i el govern es troben adormits quan el que es porten són propostes que la majoria són copiades de l’acció de govern i la resta són bastant discutibles.

Les propostes de Trias queden analitzades en dos blocs:

- Aquelles que ja formen part del programa electoral dels partits del govern i del Pla d’Actuació Municipal.

- Aquelles que són populistes.

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El AVE pasará seguro por el Eixample sin poner en riesgo viviendas o la Sagrada Familia

Category : Política

Recientemente ha salido  la noticia que la UNESCO reconoce que el proyecto constructivo del túnel del AVE no afectará a la Sagrada Familia de Gaudí. Ya había hablado en artículos anteriores que ni el proyecto era una salvajada como lo intentaba describir la plataforma y Xavier Trias (CIU), ni que las alternativas que planteaba el líder de la oposición, Xavier Trias, eran mejores.

trias-unescoEl estilo de oposición de Xavier Trias basado en sumarse a cualquier plataforma en contra de lo que haga el ayuntamiento, siendo el alcaldable de los NIMBY‘s, es un mal estilo que se vuelve en contra de la credibilidad del candidato, sobretodo cuando dictámenes técnicos, ajenos al ayuntamiento, indican que los miedos a que la Sagrada Familia se derrumbe no son más que miedos infundados. Entiendo los vecinos que fruto del síndrome Carmelo, tengan miedo que la obra constructiva les derribe sus casas.. Pero hoy en día las tuneladoras de la línea 9 están trabajando a buen ritmo y nadie está siendo perjudicado, en esa misma zona pasan túneles de metro por todos lados (al lado mismo de la Sagrada Familia la línea 5 y 2) y no provocaron problemas. Los técnicos fallan, pero muchas menos veces de las que aciertan, podemos quedarnos en la desconfianza eterna hacia la ingeniería, pero no es lo más inteligente como sociedad.

Después de este dictamen espero que el líder de la oposición no vuelva con ideas tan peregrinas como hacer pasar el AVE por el litoral (cosa que dejaría la estación de la Sagrera inservible y el riesgo que supuestamente sufrirán los habitantes del Eixample se le traslada a los de Ciutat Vella y Sant Martí), o en sus sueños convergentes de hacer pasar el AVE fuera de la ciudad de Barcelona, tal y como pasa con la chapuza de la estación del AVE de Camp de Tarragona, en tierra de nadie y sin una utilidad ni para los ciudadanos de Tarragona ni para los de Reus. Hoy no hay capital de Europa que no haga pasar el TGV hasta dentro de la misma ciudad… excepto Tarragona, grácias a esta forma de entender la política de CiU.

Me alegra el dictamen de la UNESCO, no sólo porqué gente que tiene el objetivo de defender el patrimonio cultural de la humanidad (entre ellos la Sagrada Familia) ven con seguridad el proyecto, sinó porqué esto acallará las voces irresponsables de algunos políticos de la oposición que son capaces de azuzar y utilizar los miedos y envenenar la confianza de los ciudadanos con las instituciones.

Como dice un comentarista de la noticia de La Vanguardia:

Se confirma que la UNESCO tiene mucho más sentido común y mucha más capacidad de razonamiento que ciertos personajillos de por aquí Barcelona. Ni antes, ni ahora ni después el túnel afectará a la Sagrada Familia. Si se construyeron dos líneas de metro y toda la red de alcantarillado (entre otras) con los métodos del siglo pasado, la tuneladora ni se oirá pasar.

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Corrupción y consecuencias de la falta de responsabilidad colectiva en lo público

Category : Política

Es posible que el gran problema en la gestión de lo público en el siglo XXI no sean las personas corruptas, los aprovechados o los que desean imponerse mediante la violencia a los demás. En las democracias avanzadas como la nuestra la posibilidad de que alguien realice un golpe de estado y conculque la legalidad constitucional es algo, por suerte, bastante alejado. La debilidad de la democracia no viene desde “arriba” sinó precisamente desde la base.

bigbrother

Un sistema, como la democracia, es más efectivo cuanto más personas y agentes activos políticos haya y estén vigilándose mútuamente. Las personas activas en lo público intentan mantener un control de los poderes, exigen a las instituciones y mantienen un nivel de tensión que hacen que la política a todos los niveles sea más exigente.

Yo he de reconocer que el “trabajo” que me han dado algunos NIMBY y propuestas de vecinos a la hora de afrontar propuestas que se hacen desde el distrito y el ayuntamiento de Barcelona ha conseguido elevar mi capacidad crítica y de análisis pudiendo dar una opinión mucha más formada, matizada y elaborada. Igualmente, supongo, que les ocurre al resto de consellers de distrito y a los regidores del ayuntamiento de Barcelona.

La falta de esa crítica permite que prosperen, sinó los malvados, sí personas sin autoexigencia ni respeto por la propia responsabilidad por lo público y por las formas democráticas. Se genera una cultura de la irresponsabilidad por lo colectivo, tanto los que formalmente la tienen, por carecer de personal que le exija rendir cuentas, como por parte del público que acepta sin problemas las decisiones que se tomen, sean estas justas o no, sean estas basadas en el interés general o no.

Hoy en día, hay mejores formas de controlar las mentes de las personas que las ideadas por 1984. No necesitamos un “gran hermano” que controle nuestros pasos y nos mire. El panóptico del siglo XIX y XX queda empequeñecido con la hegemonía cultural posible en las sociedades de finales del XX y del XXI.

Anular la capacidad crítica a través de la hegemonía cultural, ha llevado a que cientos de países se arruinen obedeciendo los dictados de una ideología: el ultraliberalismo, que se demostró ineficaz a la hora de gestionar las economías reales, y donde ha funcionado como en el sudeste asiático fue debido a que tuvo su adaptación realista. El pensamiento único (no confundir con el consenso sobre lo que es racional o no, no es pensamiento único tomar muy en serio las ciencias positivas) es malo en todas las esferas, tanto en la económica, como en al política.

Una falta de espíritu crítico permite que se justifiquen la coherción indiscriminada y los actos injustos. Personas con una concepción profunda del interés general y una estructura moral terminan aceptando actos de profunda injusticia porqué se considera que en esa esfera social “es lo normal”.

Otras herramientas son más antiguas, como el reparto de los “premios” o basarse en “lugares comunes” para construir una argumentación. La utilización de falacias lógicas como la de “ad-populum” son fáciles de extender cuando “el pueblo” en general no acostumbra a expresarse, y convertimos en portavoces del pueblo a personas que ya sólo se representan a sí mismos o a una esfera minúscula de la sociedad en la que viven.

Otras formas son más insidiosas, se permiten expresar ideas y propuestas disidentes pero simplemente se ignoran sin que estas provoquen ningún ejercicio de reflexión colectiva, como si jamás se hubieran nombrado. Los problemas se consideran que una vez expresados ya se han acabado. En esta lógica, expresar la disidencia sólo sirve para que la gente se desahogue, como si lo que los ciudadanos o los activistas buscaran desahogo psicológico y no participar de la esfera pública.

Otra forma de corrupción de bajo nivel que conlleva la falta de responsabilidad colectiva por lo público es la elusión de responsabilidades individuales, sobretodo en responsables públicos. Si no hay exigencia a las personas que tienen el poder, no se harán cargo de la parte negativa de ejercer ese poder: dar cuentas a los administrados, confrontarse con ellos cuando las propuestas no son coincidentes, dar la cara y exponerse a la crítica. Los políticos populistas, aunque parezca lo contrario, son el anatema de la democracia, obedecen a los impulsos del que más grita, de la masa, y dan al pueblo lo que pide, sin saber si es lo que realmente “el pueblo” pide, y sin tener en cuenta ningún criterio sobre el interés general. La falta de que alguien haga el papel de abogado del interés general provoca que la política pública sea de baja calidad, sin proyecto, sin rumbo y peor… sin dar respuesta a los problemas profundos que emergen de la sociedad y que el estado tiene el papel que afrontar.

Hay que incluir otra disfunción provocada por la falta de tensión desde la base, en este tipo de corrupción de bajo nivel provocada por personas que de partida no son “malvadas”.  Es la opcionalidad de las leyes, reglamentos y procesos.

Los procesos burocráticos en la administración pública son un engorro, pero son la garantía para que la administración trate a todos igual, y por tanto, no haya un ciudadano que grácias a poder acceder a las puertas de atrás, se beneficie de la administración por encima de otro. La administración genera criterios públicos y publicados para otorgar ayudas, dar licencias, cobrar impuestos, etc. La tendencia en muchos casos es “pedirle algo” a un amigo político para que te abra una puerta. Algo que considero normal en el funcionamiento humano, no debería serlo en los responsables políticos. Sin ser especialmente malvado ni falto de moral un responsable político puede tener tendencia al clienterismo y al amiguismo, haciendo que las demandas de determinados ciudadanos pasen por encima del resto, provocando que algunas demandas mucho más justificadas queden relegadas por otras de menor nivel. Ya no pido que los políticos sean conscientes del velo de la ignorancia rawliano exigible a los funcionarios (que atiendan a los ciudadanos independientemente de quienes sean y se les responda en base a la necesidad real objetiva y a la pertinencia de la demanda bajo los criterios públicos que deben seguir), pero como mínimo que no entren a prevaricar y jugar mediante el favoritismo. Eso ocurre cuando “las bases” que sustentan, votan y apoyan a los responsables consideran que eso es lo normal y que apoyándoles con más ahinco se beneficiarán personalmente más. La corrupción no nace de unos dirigentes por sí sólos, sinó por una cuestión cultural, en una cadena de “te apoyo pero me das favores para así apoyarte más” y entrando en relaciones clientelares que a priori no estaban planificadas. Si no hay ciudadanos que denuncien esto, que protesten y que exijan a sus responsables públicos, ocurrirá que la relación clientelar será duradera.

Por otro lado, los reglamentos y las leyes no son opcionales, en política pública no cumplir las leyes puede ser constitutivo de delito, si hay leyes que obligan a proteger los datos personales no cumplirla incurre en un delito, a parte de exponer en un riesgo a terceros. Si los ciudadanos no exigen el cumplimiento de las leyes, los responsables políticos terminarán tomándoselos a la chirigota, lo mismo ocurre con las normas de funcionamiento interno de las administraciones, los acuerdos o los estatutos de las organizaciones políticas. Las formas y normas pueden parecernos un engorro pero son la única garantía que las reglas de la democracia funcionarán con un mínimo de realidad y que el débil tenga su oportunidad de defenderse del poderoso. Las personas que no respetan las formas ni las responsabilidades tienen poco de democrático, por mucho que tengan el apoyo mayoritario del electorado o de las bases de su organización.

La corrupción en la esfera pública no necesariamente adopta las caras de grandes fortunas creadas a base de prevendas a los poderosos, ni de personas que violan sistemáticamente las leyes, la corrupción se propaga como una lluvia fina, haciendo que el amiguismo y el clienterismo a pequeña escala fundamenten las relaciones del ciudadano con la administración. La corrupción a pequeña escala se muestra en responsables que no lo son, que responden con populismo y no asumen el coste de gobernar.

Esta corrupción se puede dar a todos los niveles  y en varias esferas (desde la de las organizaciones, asociaciones a las administraciones) y el principal responsable está en la falta de interés por la esfera pública por parte de los ciudadanos o por la laxitud de las bases de ciudadanos activos (o socios en el caso de una asociación) que comienzan a considerar como normal lo que es una corrupción del sistema.

Ante esta situación el único remedio es conseguir que más y más gente se considere ciudadana activa y por eso movimientos tipo NIMBY a pesar de su lado oscuro y egoista tienen un efecto revulsivo que debería ser asumido como positivo por parte de las administraciones. Es preferible gobernar, a largo plazo, en un dragon-kan ciudadano que en un cementerio social.

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El porqué se endurecen e incrementan los conflictos en la política municipal

Category : Política

Hace poco que escribí sobre el PGM del Carmel y como el ciberactivismo ciudadano ocupa un papel bastante significativo a la hora de confrontar la propuesta del ayuntamiento de Barcelona. El problema se transforma en un “síndrome de David y Goliath” donde el “David”, en este caso el NIMBY de turno parece más débil comunicativamente que el Goliath (la administración local). Una imagen falsa pues el NIMBY (en este caso y en muchos otros) tiene una mayor capacidad de mobilización social, mejor capacidad comunicativa, mayor talento destinado a conseguir cierta hegemonía cultural (al menos en el ámbito local) y mantiene en jaque a la administración en su capacidad comunicativa. Esto entraré a analizarlo más adelante.

barcelonaaerea

Poniendo el ejemplo del ayuntamiento de Barcelona (un ejemplo que seguramente es extensible a muchas más administraciones locales), la actitud de los ciudadanos ha cambiado, dificultando la posibilidad de hacer “política urbanística” a la administración local. Comparando lo que ocurría hace unos 20 años con lo que sucede ahora, la ciudad de Barcelona no “molesta” tanto a sus ciudadanos con actuaciones urbanísticas, pero en cambio la resistencia a ellas es mucho mayor. ¿A qué es debido?.

En parte porqué el “relato olímpico” ayudaba a hacer entendible el volumen enorme de obras… la ciudad se modernizaba para que en el 92 estuviera a punto para las olimpiadas. El tener un relato de ciudad ayuda, y si este relato además es compartido por la ciudadanía eso hace que las actuaciones que sirven para el proyecto de ciudad sean más entendibles. Hoy en cambio, cualquier actuación urbanística tiene sus contestatarios, desde el 22@ (ya casi no nos acordamos, pero los gritos de cierta élite cultural barcelonesa en contra de la actuación eran muy sonoros hace unos pocos años), pasando por cualquier microactuación urbanística. Pero en parte también porqué la relación que tiene el ciudadano con la política y la acción de lo público se centra más en lo “que a mí me afecta directamente”.

Conflictos de concepción cultural e ideológicos:

Hay reacciones desmesuradas (como la de la limitación de velocidad en algunas vías urbanas), en base a un conflicto cultural que está latente desde siempre, pero que se muestra con más fuerza ahora al tener todos mayor capacidad de comunicarlo. Ante la imposición de restricciones al tráfico rodado (por ejemplo, mayor número de semáforos, restricciones de velocidad, zonas de aparcamiento limitado, zonas azules, áreas verdes, etc.) siempre han tenido sus retractores. El fenómeno de descredito de la política, del envalentonamiento (a mi parecer positivo) del ciudadano a la hora de defender su criterio, y la capacidad (mayor) de que cada uno se ponga a comunicar sus ideas ha hecho que muchos ciudadanos que tienen un conflicto ideológico o cultural con la política de un ayuntamiento respecto a la viabilidad se visualice más (y entre ellos también se identifiquen). Es un conflicto cultural e ideológico. En parte consecuencia de una mala política de comunicación (histórica, no actual), en la que las administraciones tomaban medidas y no se intentaba ni en su aplicación ni a posteriori defenderlas y explicarlas, y en parte porqué ese conflicto entre el interés privado y la visión individual y el interés público siempre estará.

Conflictos NIMBY (Not In My BackYard), o conflictos puntuales en el tiempo y en el espacio

Cuando se abre una calle, cuando se decide eliminar unas pocas plazas de aparcamiento para ensanchar aceras, cuando se ubica un servicio municipal “poco agradable”, cuando se realiza una reforma urbanística, siempre habrá alguien que no le guste, normalmente alguien que se ve afectado en lo privado (por ejemplo, le expropian la vivienda, o tiene al lado de su casa un equipamiento que no le gusta [conozco el caso de un grupo de vecinos que se han opuesto incluso a la presencia de una escuela por el ruido que provocarían los niños a la hora del patio], o se ven afectados a la hora de desplazarse en su vida diaria al modificar las direcciones de una calle), y ese alguien ahora tiene una capacidad de mobilización mayor. Por un lado por ese mayor nivel de autoestima o envalentonamiento ciudadano que hace que confíe más en su criterio que en el de la asociación de vecinos o en el de la administración, cosa que como he dicho para mí es positiva. Por otro lado, la “cultura política” es más la del ciudadano-consumidor y por tanto más volátil, más reactiva a lo que le afecta en un momento puntual que capaz de pensar en el “bien común”. Ese término “el bien común” o el beneficio social queda más diluido frente al perjuicio personal (aunque este sea temporal). ¿Porqué tengo que asumir un perjuicio que para mí lo percibo con el valor de X para un beneficio para terceros que es percibido como una fracción de ese X?. Se abre una calle para mejorar el paso de todos los vecinos por el barrio, pero para ello se expropia un bloque de pisos… Los expropiados se sienten más afectados que el beneficio que perciben para cada uno de los otros vecinos, por tanto reaccionan en contra de la medida.

La reacción de las administraciones con los NIMBY es en general mala. Como son movimientos volátiles, no se pueden utilizar los mismos sistemas de confrontación y debate que con las asociaciones vecinales clásicas. Algunos tan sólo necesitan poder tener más información y conocer mejor sus derechos para calmarse, otros mantendrán frente al ayuntamiento alternativas serias a las medidas que quiere proponer, alternativas que merecen ser estudiadas, analizadas, debatidas e incluso negociadas según lo acertadas que sean. El NIMBY debería ser contemplado como una oportunidad para mejorar la propuesta, pero tanto la actuación de los NIMBY (en general muy hostil, en parte por su amateurismo y poco conocimiento de la gestión de conflictos, pero también por su naturaleza que busca la maximización de su “poder negociador” en base a generar el máximo daño al gobierno municipal de turno si no consigue sus objetivos) como la de la administración (que no está acostumbrada a tratar con los NIMBY, que se siente desbordada por la mayor capacidad comunicativa y porqué la lógica con la que juega el NIMBY es distinta a la que están acostumbrados los gestores públicos) lleva a que esta oportunidad, si llega, sea a costa de un fuerte desgaste.

Además los NIMBY tienen un poder comunicativo mucho mayor que la administración, a pesar de lo que pueda parecer. El talento, energías y capacidad comunicativa de un ayuntamiento son limitadas, y las necesidades comunicativas de una administración son inmensas, hay mil frentes, mil temas y mil micromensajes que comunicar. Además las administraciones locales aún no se han posicionado como agentes comunicativos modernos, casi ninguna tiene la capacidad de promover o generar un relato de la ciudad, son poco ágiles y se ven sometidas a cambios de criterio político que les resta capacidad de generar ese relato. En cambio el NIMBY suele concentrar gente con mucha motivación, con muchas energías (ya que el conflicto, para ellos es este y acaba de comenzar ahora), y la mayor formación y conocimiento de los ciudadanos les lleva a concentrar bastante talento. Un talento amateur, pero que en una sociedad donde cada vez comunican más las personas y menos las grandes organizaciones (a menos que comiencen a entender la lógica comunicativa moderna que no se basa en “ocupar espacios” sino en generar cosas interesantes), y donde existe la épica del “débil contra la gran administración” tienen una fuerte ventaja. Además, el NIMBY, tiene mayor credibilidad a priori que la administración. Existen muchos factores para ello, pero entre los diversos motivos es que nos creemos más a un vecino que conocemos que a una administración, cuando vemos a los vecinos del bloque afectados diciendo que los van a dejar con el “culo en el aire” y que se realiza por especular con su terreno eso nos lo creemos. La política institucional nos ha defraudado más de una vez, y seguramente tenemos algún motivo para no tener alguna queja de nuestro gobierno municipal (por ejemplo, puede que no nos guste el cambio que se ha realizado en una calle, o estamos cansados de pagar multas por aparcar mal) y en cambio no de nuestro vecino de enfrente. El hecho es que el NIMBY se mueve mejor en la política comunicativa, incluso entre los periodistas, que las administraciones. Y eso debería poder tenerlo en cuenta la administración local a la hora de gestionar un conflicto y transformar en oportunidad lo que en ese momento es un problema.

Algunos NIMBY esconden intereses privados con aspecto de conflicto social

Antes he hablado de NIMBY que generan una oportunidad, pero también los hay que esconden tan sólo los intereses espureos de unos pocos frente al interés general. Hay que estar alerta porqué incluso dentro de un mismo NIMBY hay quien está porqué la actuación no la comparte pero la hay para poder conseguir mayor poder negociador (arrastrando y manipulando a terceros) y así obtener mejores rendimientos económicos de sus intereses. En este caso no hay mucho que hacer más que separar el grano de la paja y tratar al mercachifle como lo que es, y no como un ciudadano que quiere buscar alternativas o formas mejores para conseguir el bien común, afectándole menos en sus intereses. Esto lo que hace es que o bien recrudece el comportamiento del NIMBY (el mercachifle lo que pretende es que el NIMBY se radicalice para ser “más caro” politicamente y por tanto incrementar su poder de negociación privado, y no que el NIMBY llegue a acuerdos), o bien crea donde no habría ninguno (por ejemplo, inventándose bulos, generando falsa información, etc.).

Valores postmodernos mezclados con valores materialistas

Nuestra sociedad para algunos sociólogos es una sociedad postmaterialista, donde los valores como la solidaridad, el ecologismo, etc. priman sobre valores materialistas (como la seguridad, el derecho al trabajo, etc.). Según mi humilde entender no es exactamente así, los valores materiales aparecen en seguida que se amenazan, pero sí que es cierto que los valores postmodernos aparecen claramente entre lo que los ciudadanos valoran. Cada uno de nosotros somos una mezcla de valores, y esto lleva a que una actuación urbanística también sea más compleja de afrontar. Por ejemplo, abrir una calle podría significar cortar los árboles viejos y convertirlos en pasta de papel o abono, porqué es mucho más caro trasladarlos a un vivero y volver a replantarlos luego nuevamente (o bien están ya tan enraizados que no se les puede arrancar vivos). Esto lleva a que una actuación que todo el mundo secundaría sea rechazada por algunos porqué creen que la vida de esos árboles vale más que el beneficio de mejorar la calle. Ejemplos los hay a patadas, desde personas de alta sociedad que se encadenan a árboles para que estos no sean arrancados, pasando por situaciones tan kafkianas como que se apele a la conservación de un parque natural para la defensa de ejemplares arbóreos invasores que además han crecido gracias a la acción humana.

Todos estos valores entran en conflicto. ¿Que prefiero: arreglar la acera a un coste razonable o dejarla igual para salvar la vida a unos árboles?. Pero no se limita a este tipo de cuestiones medioambientales. Todos queremos que los “pobres” tengan techo, pero este valor entra en conflicto con un valor material que es el del “prestigio” del barrio o incluso el de la seguridad, nos da miedo y creemos que devaluará nuestro barrio (y por tanto el valor de nuestra vivienda) la presencia de equipamientos para atender a las personas sin techo.

En definitiva, cualquier administración local se enfrenta al reto de respetar y atender a un conjunto de valores que tienen los individuos y que en muchas ocasiones son incluso confrontados entre ellos mismos. Además, la política mediatizada ha tendido a exponer que los valores son absolutos: uno es ecologista de forma absoluta (por encima de cualquier cosa) o defiende la seguridad por encima de cualquier cosa, etc. Es la forma en que la clase política se confronta entre ella (la derecha anunciándose como la valedora de la seguridad y la izquierda como la valedora de la justicia social), y eso se traslada a la forma de construir dialécticamente la política por parte de los ciudadanos: en sus valores suelen ser bastante absolutos.

El efecto de las élites culturales y opinadoras de una ciudad

No menos importante es el “estado de ánimo” de las élites opinadoras y culturales del pueblo o ciudad. Un ejemplo es Barcelona, una ciudad donde no suelen haber problemas muy serios pero que para una minoría de ciudadanos, bastante bien posicionados, se ha construido un anti-relato de la ciudad. Las páginas salmón de la Vanguardia son un claro reflejo de esa “Barcelona opinativa” donde se entremezclan los mensajes de los NIMBY y de la élite sociopolítica barcelonesa, construyendo el relato de una ciudad que parece en completo conflicto. Otro ejemplo son los autores de “Odio Barcelona”, que conforman parte de esa élite sociocultural (no precisamente la “clase trabajadora” es la que fomenta este tipo de discursos), o los “arquitectos” que opinan sobre “los proyectos de las ciudades”. Y como no, los que marcan las líneas editoriales de los mass-media. Todos estos, sin ser ahora tan importantes como hace 20 años, ayudan a construir o destruir el relato de la ciudad. Ayudan a dar eco a unas versiones sobre otras. Y como el “incorformismo” y la rebeldía están muy de moda entre ciertas élites socioeconómicas y socioculturales, en parte como ejercicio “de clase” para diferenciarse de la élite política de la ciudad y también para reivindicarse como élite cultural de la ciudad, el ir a la contra de lo que haga el gobierno municipal de turno está muy de moda. Y en parte porqué ellos son los que menos se benefician de estas actuaciones. Un escritor con proyección mediática de clase media-alta poco le importa que vivir en el infraurbanismo de algunos barrios conlleve graves problemas sociales y del día a día, él prefiere poder pasearse por ellos como si fuera un antropólogo en su propia ciudad y empaparse de una supuesta “autenticidad” de ese u otro barrio. Se magnifica y se idealiza la marginalidad, rodeándola de un romanticismo, que en el fondo, no tiene. En cambio se tacha cualquier reforma y mejora urbanística de “violación del espíritu del barrio”, se hacen incluso acusaciones alegres e infundadas (como la de especular o querer acabar con el patrimonio). Sin quitar que algunos de estos alegatos han servido pare defender patrimonio histórico legítimo y que las reformas urbanísticas han de respetar la fisonomía general de los barrios, no olvidemos que la estructura de calles diseñada en época medieval o en momentos de expansión desenfrenadas o basadas en antiguos caminos rurales no es lo más adecuado para la vida en una ciudad del siglo XXI. Esta “élite” sociocultural que era amiga de las transformaciones urbanas en la década de los 80 (en parte porqué compartían la necesidad social y los valores materiales de las clases trabajadoras que necesitaban que sus barrios mejoraran y en parte porqué se sumaban al espíritu transformador y de apoyo a las jóvenes instituciones democráticas fruto del espíritu de la transición), ahora suelen estar a la contra de estas transformaciones.

En definitiva, la vida del político municipal está llena, hoy, de más oposición, resistencia, mayor nivel de reacción y auto-organización de los ciudadanos (y por tanto, mayor capacidad de oponerse a algo que no les gusta), y a un entorno social y cultural bastante más exigente y con una tendencia a “ir a la contra” de lo que ocurría hace 20 años.

Lo cuál, igual que he analizado cuando hablaba de los NIMBY, debería ser tomado como una oportunidad para mejorar y poner en valor las políticas municipales.

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