Hace unos días, escribía sobre los grises en el conflicto entre palestinos e israelitas, como ya avisé, opinar sobre este conflicto es meterse en un berenjenal de cuidado ya que las sutilezas son fáciles de perder y “asumir un bando u otro” es lo fácil. El maniqueismo es la vía más sencilla para analizar el conflicto y asumir emocionalmente un argumento u otro.
Como ya dije, considero un listado de opciones razonables de partida, entre otras que Israel como estado tiene la obligación de defender a sus ciudadanos. Pero entiendo que gran parte de la blogosfera progresista, incluso de personas que se han declarado prosionistas o incluso de grupos judíos, u organizaciones internacionales, estén exigiendo a Israel que cese la operación militar y los ataques militares indiscriminados en Gaza.

Existe una asimetría en varios aspectos en este conflicto.
El primero de ellos y más importante es que Israel es un estado democrático, que pretende ser homologado a las democracias occidentales y que ha firmado los acuerdos internacionales (algunos de ellos los viola sistemáticamente). El terrorismo palestino, es eso.. terrorismo, grupúsculos que se representan a si mismos, no son un estado, y aún cuando estos grupos como Hamas llegan al poder por vías democráticas, el estado palestino es un estado balbuceante, incapaz de defender a sus ciudadanos, ni de ejercer un control de la violencia y de las propias organizaciones militares y paramilitares. La ANP no es más que un pseudoestado, totalmente a merced del ejército israelí y de las milicias terroristas en lo militar y de las decisiones fronterizas de Israel respecto a lo económico.
Y esa sutil diferencia es importante. El estado de Israel como estado democrático se ha de mover por objetivos legítimos y proporcionados, respetando los acuerdos internacionales que ha firmado y además tiene unos responsables visibles e identificables a los cuales exigirles y pedirles explicaciones. Hamas se mueve con criterios distintos, de organización paramilitar terrorista. A Hamas no hay manera de presionarla como ciudadanos, podemos condenar sus actos, pero todo lo que hagamos es en balde.
Por otro lado, Israel como estado ejerce de bando ganador (o el menos perdedor) en todas las fases del conflicto con los palestinos. Tanto en bajas, como en capacidad de control de su propio territorio como en el ajeno, en su número de tropas, en sus recursos técnicos y logísticos, en la superioridad tecnológica y militar y sobretodo en los muertos civiles de un lado y otro, Israel ejerce de bando ganador y que puede ejercer una supremacía militar y económica sobre Palestina abrumadora.
Por último, Hamas ni ninguna fuerza paramilitar palestina puede secuestrar o utilizar la población civil israelí como moneda de cambio. Hamas puede matar algunos israelís, puede tirar algunos centenares de cohetes a algunos pueblos israelís, puede secuestrar o asesinar algunos soldados israelís, pero su efecto es minúsculo en el total de ciudadanos. Puede generar terror, como lo haría cualquier organización terrorista, pero no puede mantener a la población civil israelí como moneda de cambio. Israel utiliza y mantiene a la población palestina como moneda de presión. La ha mantenido en la depauperación con el cierre de fronteras y la construcción de un muro, la ha sometido a la inanición económica al impedir que los trabajadores palestinos puedan cruzar la frontera y trabajar en Israel ya que Palestina hoy por hoy es un estado fallido e inviable económicamente, es un lugar sin oportunidad ninguna. Israel además es capaz y lo ha hecho, de entrar por la fuerza masacrando a civiles y utilizar la ocupación y la falta de suministros a los civiles palestinos como moneda de presión y cambio. Ejerce un terror muy directo, evidente y palpable que supera con creces el terror causado por los cohetes caseros palestinos.
Esta diferencia de fuerzas hace que podamos exigirle a Israel el cumplimiento de ciertos acuerdos. La guerra es maliciosa, la última herramienta después de haber agotado el resto para conseguir un objetivo legítimo por parte de una sociedad, y por ende algo que no le podemos exigir “limpieza” ni “precisión”. La guerra es sucia, y los que están metidos en ella no pueden quedar limpios, es imposible la guerra incruenta. Pero aún así, los seres humanos hemos inventado unas reglas sencillas, pero incluso estas reglas el estado de Israel las incumple. No permite la entrada de ayuda humanitaria (cosa que no ocurre casi en ningún conflicto del mundo), tirotea las ambulancias que intentan entrar o moverse por Gaza (cosa que incluso en la cruenta segunda guerra mundial era considerada un crimen abyecto, al menos en el frente occidental). Además considera objetivo militar personas e instituciones que la convención de Ginebra considera civiles: los funcionarios del estado, incluidos los policias, no son militares y no son un objetivo legítimo. En los primeros compases de la acción militar israelí atacaron una academia de policías de la ANP que ni eran terroristas, ni militares, ni tenían relación con los terroristas.
Además, utilizan los sistemas de control de la información más burdos, de forma parecida a la que intentó ejercer el ejército norteamericano y británico en la ocupación de Irak, la prohibición de periodistas en el interior de Gaza. Por suerte, internet no deja de ser un foco de información importante, y podemos seguir la acción casi en directo, a pesar de los intentos del ejército israelí de “crear opinión” a favor de la acción militar.
En definitiva, no puedo tratar en condición de igualdad al Primer Ministro de Israel que a un lider de Hamas, el primero no es un terrorista y no puedo tratarlo como tal, el primero está en una lógica en la cuál la comunidad internacional le puede exigir cosas, en cambio a un terrorista no. Israel si quiere contar con el reconocimiento de la comunidad internacional como estado ha de respetar ciertas reglas y convenciones que además ha firmado. Además el estado de Israel tiene en un puño a 1.500.000 palestinos de la franja de Gaza desde hace meses, en un secuestro técnico, manteniéndolos agonizantes sin suministros, ni medicinas. Llevando a la ruina humana ese pedazo del inviable estado palestino. En parte el estado de Israel es responsable de que Hamas sume adeptos y correligionarios, si somete a la población civil a ese secuestro y esa agonía ha de asumir que la desesperación lleve a sumar efectivos a Hamas. Israel no es responsable directo de que Hamas u otros grupos pseudoterroristas ataquen a sus ciudadanos, pero sí es responsable indirecto de que estos grupos crezcan.
Por otro lado, los bombardeos indiscriminados contra civiles nunca han servido para conseguir acallar el espíritu combativo de ninguna sociedad. Los bombardeos de la Luftwafe sobre Londres o los que realizó la RAF y la USAF sobre las ciudades alemanas en la IIWW sirvieron más para incrementar el espíritu de resistencia de británicos y alemanes que debilitar la postura de sus respectivos gobiernos. Si no hay posibilidad real de acabar con la capacidad militar del enemigo, los bombardeos estratégicos y el hostigamiento contra la población civil sólo sirven para afianzar el espíritu de resistencia. Por tanto los ataques con cohetes palestinos como el fuego de artillería israelí sólo sirven para incrementar y afianzar el odio mútuo. Hamas no puede vencer al ejército israelí ni de lejos, pero el ejército israelí no puede acabar con todo movimiento partisano palestino, está generando voluntarios o partidarios cada vez que estas personas pierden un familiar o una persona querida bajo el fuego de los tanques.
Como bien indica Citoyen, es muy cuestionable que Israel haya agotado todas las vías para acabar con el lanzamiento de misiles antes de iniciar esta acción bélica masiva, que tenga opciones de poder acabar con el lanzamiento de misiles caseros o de acciones terroristas significativas o que la acción militar sea proporcional al objetivo de conseguir acallar para siempre los cohetes palestinos.
Por tanto, ante estas asimetrías no me queda más que exigirle al gobierno de Israel que cese el ataque y deje de bloquear la frontera de Gaza, apoyar al pueblo israelí que sufre los bombardeos de cohetes, condenar las acciones de Hamas, y apoyar sobretodo al pueblo palestino que es quien está ahora mismo y desde el inicio del conflicto sufriendo más que ningún otro actor y condenar (además de exigir el cese) la desproporcionada acción del ejército israelí.


